Aquí encontarás un espacio para la reflexión. A lo largo de este período iremos proponiendo oraciones y textos sobre los que meditar. Queremos ayudarte en tu Camino de Cuaresma, tu camino de conversión

Oración para el viernes después de cenizas

Señor, que este ayuno me haga crecer en comprensión hacia el hambriento, el que está desposeído, el pobre.

Haz que vea mis posesiones como dones del peregrinar que deben ser compartidos.

Dame también la gracia de la humildad y la fuerza para hacer tu Voluntad.

Señor, que este ayuno me limpie de los malos hábitos, calme mis pasiones, y aumente en mí tus virtudes.

 

El ayuno

Oración para el Miércoles de Ceniza.

“Señor, hoy comenzamos el tiempo de Cuaresma.
Un camino de reflexión y conversión.
La ceniza nos recuerda nuestra fragilidad
y la necesidad de volver a Dios.

Ayúdanos a ser conscientes de nuestras acciones,
permanecer fieles a tu palabra
y al igual que tú, no rechazar la cruz,
para poder compartir contigo la resurrección.

Bendice esta ceniza que vamos a recibir
como compromiso para esta Cuaresma.
Fortalece nuestra fe y llénanos de tu amor.
Amén”  Miércoles de Ceniza

La Cuaresma y el Miércoles de Ceniza

La Cuaresma son los cuarenta días de preparación previos a la fiesta de Pascua. Es un tiempo privilegiado para mirar hacia dentro y tratar de reconocer esas cosas que nos alejan o nos acercan a Dios.

La Cuaresma tiene una duración de cuarenta días por el simbolismo religioso que tiene este número. En la Biblia aparece en más de noventa ocasiones, desde los cuarenta años que el pueblo hebreo vagó por el desierto hasta los cuarenta días que Jesús pasó en ese mismo desierto, pasando por los cuarenta días que Moisés estuvo en el monte Sinaí.

Este miércoles de ceniza nos abre la puerta para iniciar un camino para recuperar lo esencial, todo eso que la prisa, los compromisos, los cansancios, las frustraciones, el miedo van disipando y disimulando.

Es la invitación y también el desafío de adentrarnos en un tiempo bueno para el cuidado interior, para acariciar dolores, recuperar sueños, nutrir esperanzas, evaluar compromisos… Y ahí anda Dios, alentando a quien se anime a hacer experiencia de liberación. En estos cuarenta días se nos convoca a encender el GPS, recuperar el sentido de la marcha y a reajustar la ruta.

Te invitamos a buscar un momento en tu día para detenerte y comenzar la Cuaresma de la mano de Cristo. Dejarte abrazar por la ternura de Dios y presentarte en tu fragilidad.

La Ceniza

¿De dónde sale esa ceniza que usa el sacerdote? Procede de los ramos que se bendijeron en el Domingo de Ramos del año anterior. Aquellas palmas y ramas de olivo se queman y se usan para esta celebración.

Somos marcados con la señal de «la muerte» de aquellas palmas que recibieron al Señor  cuando entraba a Jerusalén ensalzado como el Mesías y que vino a liberar a su pueblo de la esclavitud.

Es una simbología que encierra una contradicción digna del cristianismo. Nuestra Patria es el Reino Eterno, pero antes, debemos pasar por las «cenizas» de la muerte.

Es el camino obligatorio. «En verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto» (Juan 12 , 24).

El ayuno

La tradición del ayuno era muy importante en los primeros tiempos de las comunidades cristianas. Los padres de la iglesia y los santos de todas las épocas hablaban sobre su poder y beneficio.
Sigue siendo relevante hoy en día. Tiene un propósito profundo que debemos comprender para practicarlo correctamente. No se trata solo de abstenerse de comer ciertos alimentos, aunque eso también es importante. Más bien, es una forma de penitencia, de acercamiento a Dios y a nuestros semejantes. Es un camino hacia la Pascua, preparándonos para entender y vivir la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Cuando ayunamos, experimentamos la privación. Si se hace con humildad nos ayuda a redescubrir el regalo de Dios y a entender nuestra naturaleza como seres creados a su imagen y semejanza. Al aceptar la pobreza de forma voluntaria nos solidarizamos con los menos privilegiados y acumulamos amor recibido y compartido. En resumen, el ayuno nos ayuda a amar a Dios y a nuestros prójimos, centrándonos en ellos como en nosotros mismos.
Es fundamental para la vida del cristiano porque permite vaciarse de sí mismo, de sus deseos soberbios, de sus pretensiones equívocas de sentido, de sus alienaciones, de sus evasiones. Lo lleva a reconocerse no autosuficiente de modo que puede mirar hacia su Dios y Creador. He aquí la radicalidad del mensaje de Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” Mt 16, 24.
El ayuno es una práctica que nos pone en el camino de seguimiento a Jesús, en comunidad, hacia el Padre. Es una práctica concreta que nos lleva a replantear nuestra relación con nosotros mismos, con los otros y con el mundo; involucra todas las dimensiones de nuestro ser.
Si queremos enriquecer nuestra vida, limpiarla de tanto consumismo, ¡practiquemos el ayuno!